Educar en Patología Oral

¿Se puede formar en competencias?

¿Cuáles son las competencias en Patología para el Odontólogo General?

Ponencias en jornadas de educación.  

Neuroaprendizaje aplicado a la rutina de formación de Histología y Patología Oral.  Lugar: Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2016.01.12

Aplicación de recurso TIC-PODCAST en Histología y Patología Oral.  Lugar: Universidad de Valparaíso, 2016.01.20.

PODCAST

Puedes revisarlos directamente en la plataforma utilizada: IVOOX.  

Sitios de docencia sugeridos

Este capítulo es una síntesis de interpretaciones realizadas sobre un número importante de textos especializados, entrevista con educadores latinoamericanos, de la participación en ponencias en congresos y actuales reflexiones en torno a los alcances de las neurociencias en la educación.

La lógica de identificar las competencias

 

Para entender qué es una competencia, primero debemos de VISUALIZARNOS nosotros mismos en nuestro trabajo.  Proyectar que estamos atendiendo a uno de nuestros pacientes independiente de donde estemos (si estamos en una clínica particular o en un servicio de atención primaria).  Cuando tenemos esa imagen, podemos identificar lo que requerimos para que nuestra atención sea de lo mejor.  Obviamente, será distinto visualizarnos como profesionales egresados de un programa de pregrado, a lo que uno podría esperar ser para cuando uno tiene su postítulo. 

 

En Patología, ¿qué sería lo que debemos de visualizar?  INTERPRETAR LOS SIGNOS Y SINTOMAS, SOLICITAR EXAMENES COMPLEMENTARIOS pertinentes, reconocer las formas de acercarnos al DIAGNOSTICO (incluyendo INTERCONSULTAS), ser un ORIENTADOR de nuestros pacientes y tener claridad de los TRASTORNOS MÁS PREVALENTES Y RELEVANTES que se presentan en nuestra comunidad.  Desde este punto de vista, como estudiantes tenemos la estructura elemental de lo que nos interesaría saber para poder llegar a entregar un servicio profesional de buen nivel, e inmediatamente, como docentes tenemos la estructura elemental de lo que deberíamos de incorporar en nuestros programas educativos o planes curriculares.  Cuando hemos reunido las distintas capacidades que debemos de tener (lo que serían las COMPETENCIAS), estamos en condiciones de elaborar un PERFIL DE EGRESO.  En esta lógica de saber QUÉ TENEMOS QUE LOGRAR SABER como estudiantes, podemos identificar QUÉ TENEMOS QUE ENSEÑAR como docentes.  Cuando sabemos QUÉ ENSEÑAR, entonces estamos en condiciones de acotar los programas educativos.  ¿Sería una habilidad el saber entregar la noticia de un cáncer a un paciente?  ¿El saber evaluar una interconsulta sería relevante?   Para responder a esto, basta con que cerremos nuestros ojos y volvamos a hacer el EJERCICIO DE VISUALIZACION.  O bien, le preguntemos a los que ya trabajan y se encuentran ejerciendo la profesión.  Si estimamos que es efectivamente necesario, ¿qué debemos de hacer?.  Sencillamente, ampliar nuestro PERFIL DE EGRESO, acotar nuestro PROGRAMA y diseñar las estrategias educativas que apunten al logro de las habilidades prácticas para el ejercicio de la profesión.

 

 

¿Qué se hace regularmente?

 

  • Los énfasis están centrado en los contenidos: los equipos académicos se preguntas "qué tenemos que enseñar" a partir de los contenidos disponibles.  Por eso existen los que creen que uno debe de saber todo, los programas se extienden en los años, el nivel de dificultad está en el "saber" y no en el "cómo lo aplico".

  • La evaluación de los contenidos corre por una pista independiente al práctico.

  • Los programas están hipertrofiados.

  • Las evaluaciones no recrean situaciones del ejercicio profesional.

  • Las evaluaciones miden retención de conocimientos y no aplicación de ellos mismos.

 

¿Dónde están los desafíos?

 

Primero, convencernos en lo relevante de lo primero expuesto.  Si no se considera relevante, seguiremos con la misma estructura, sencillamente manteniendo argumentoes como "porque está bueno", "es lo que nos ha dado el prestigio", "es parte de la tradición y de nuestra excelencia".  Segundo, luego de convencernos de lo necesario, diseñar estructuras abiertas para la construcción del perfil que le queremos dar a nuestros estuiantes.  Tercero, cambiar la forma de enseñar y evaluar.  Cuarto, y quizás antes que todo, derribar los prejuicios en torno a lo que significa construir un programa basado en competencias.

Texto y diseño por R. Fuentes Cortés 

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